El tráfico HTTPS es un protocolo que encripta los datos intercambiados entre tu navegador y un servidor, evitando que terceros los intercepten. Sin embargo, su implementación no resuelve todos los problemas de seguridad: no detecta sitios maliciosos, no previene ataques de phishing ni garantiza que el contenido sea legítimo. Su adopción es clave en sitios que manejan información sensible, pero no es una solución mágica.
La confusión surge porque el icono del candado en la barra de direcciones se asocia automáticamente con seguridad. No obstante, un sitio puede tener HTTPS y, al mismo tiempo, contener vulnerabilidades como certificados caducados, contenido mixto (HTTP y HTTPS) o redirecciones a páginas no seguras. Entender estas limitaciones es esencial para evaluar el riesgo real al navegar.